11.17.2011

#Unmuertonoesnecrofilia. [ poême x=/=y ]

Por quetzal

No lo sé.

¿Una relación muerta hace una relación?

¿Cuánto tiempo aún más de esto?

Yo, lo único que puedo hacer

Es olvidar.

No sé nada.

Nada acerca del mundo o de las barreras que lo rodean.

Nada acerca de los afectos y los seres

amados.

No sé nada acerca de ello.

Tan sólo he aprendido de los que partieron,

Y ( x )

Nos miran desde

Allá arriba.

Nos cuidan,

y protegen

Como ángeles,

Custodios

Que alguna vez

Quisieron bajar ( y )

Ser uno de nosotros.

Enamorarse y morir.

Más de uno se hizo de vidrio

Como otro

En medio de un sueño (a media mañana)

Del cual se es despertado

<(Violentamente)>

En medio de una noche

En la que

(Aún)

Graznan

Los pájaros.

Por la mañana…

9.04.2011

discos santis

Extravaganza: Agosto 2011

en Rodrigo Santis: Retorno a la raíz


DISCOGRAFÍA SELECCIONADA

Por Rodolfo García

Aquí, un recorrido por lo más destacado de la discografía de este músico, ingeniero en sonido y productor, quien ya lleva 15 años de música en el cuerpo, luego de debutar con Congelador en el mítico subterráneo de la disquería Background en 1996, ocasión en la que también estuvimos presentes.

CONGELADOR (Quemasucabeza, 1998) Crudo y ruidoso, el debut de Congelador se remite a una experiencia descarnada de la música, en la que lo rítmico y lo granular se mezclan a ratos con melodías y una atmósfera enrarecida. En este aplaudido debut aparecen, también, algunos temas etéreos y una que otra canción pop.

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CAMPOS DE HIELO (Quemasucabeza, 1999) Firmado bajo su propio nombre, este disco reagrupa composiciones solistas que el músico creó en paralelo a la primera época de Congelador. En él, el intérprete ejecuta todos los instrumentos y procesa las pistas por computador, obteniendo y manipulando loops de guitarras y teclados, además de incorporar voz. El resultado es experimental y aislacionista.

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PARANORMAL (Quemasucabeza, 2001) Bajo este seudónimo, Santis se adentra en los territorios del noise, con una aproximación densa y escalofriante del género. En clave de manipulación electrónica y manual de pistas pregrabadas, el músico superpone y disuelve capas sonoras en un escenario de pesadilla auditiva.

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ICEBERG (Quemasucabeza, 2001) Tal vez el mejor disco de Congelador, Iceberg es el único esfuerzo instrumental del grupo y logra una ecuación perfecta de ambientes, distorsión y melodía en crescendos concebidos para expandir cuerpo y mente. La banda sonora ideal para subir cerros con un sol radiante y las pupilas dilatadas.

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GEPINTO (Quemasucabeza, 2005) El álbum debut de Daniel Riveros como solista -más conocido como Gepe-, acompañado por Las Aves de Chile, marca un giro trascendental en la expansión del catálogo de Quemasucabeza y de su llegada a un público más amplio. Santis participa aquí como ingeniero en sonido.

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PANORAMA NEUTRAL (Quemasucabeza, 2005) Este disco es fundamental por plasmar en sus surcos gran parte de lo mejor de la movida independiente chilena en esa época, aportando material inédito de lo más interesante que se podía escuchar en vivo. Desde Familea Miranda a Congelador, este álbum presenta material de Mostro, Dizzlexico, Barco (único registro editado del embrión de lo que sería Caravana) y Dormitorio, entre otros. Rodrigo Santis participa como gestor principal del proyecto, además de músico e ingeniero de sonido en algunos temas.

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CARAVANA (Quemasucabeza, 2011) Una fuerte base acústica, ligada a hermosos arreglos de cuerdas, teclados, vientos y percusiones hacen de esta última entrega una de las experiencias más accesibles del artista. Un álbum preciosista y desgarradoramente honesto.

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4.18.2011

c


Estaba la sobrina de una escritora obscena y genial, reconocida y con varias obras entre la vanguardia de su tiempo.

Qué guapa que era.

‘Te irás pronto, ten fe, ya volverás a Europa’, me dijo.

Vimos buenas pelis charlando en el sofá hasta que las enfermeras nos tomaron la presión y nos mandaron a dormir.

Me preguntó por el lago donde vivía. Se lo describí, lo encontró hermoso y me comentó que había vivido al sur de Europa, creo que con su ex -marido.

Encendió un último cigarrillo, me acarició el pelo y se fue a dormir.

Llevaba una camiseta rosada y un pantalón de piyamas del mismo color debajo de la bata negra, qué delgada que era. ‘La maja’, le decían, por su pasado en España.

Su piel parecía aún más bronceada en la oscuridad. Desde la ventana veíamos toda la ciudad. Las luces ahí debajo de las colinas en el valle, las calles como hileras interminables de tendidos cableados como un enorme árbol de navidad, como una red que se mostraba tan lejana e hipnótica. O son los sedantes que comienzan a hacer efecto. No lo sé, me siento muy drogado pero plácido.

Carla me toma la mano y se excusa porque en realidad quiere tomar el control remoto y cambiar la tele. Veo a un tipo igual al de Dream on y me río. Creo que es él. Carla se enoja porque dice que nunca la tomo en cuenta cuando la chica de la bata negra se va a acostar. No lo sé. Sólo sé que he perdido la noción del tiempo y que mis pupilas están enormes. La enfermera gorda se ha quedado dormida y me equivoco de dormitorio y llego al de Clara, la sobrina de la escritora.

Clara me dice que ha pasado un siglo desde que se vino a acostar, con estas pastillas, nunca se sabe cuando el tiempo comienza o cuando se detiene.

¿Cómo se llama tú tía?

-Valentina, Valentina Vera.

-¿Crees que si parto y viajo la podré conocer?

-Sí claro.

Clara tiene la ventana abierta y tengo frío.

Le pregunto si puedo recostarme un rato a su lado y ella abre las sábanas.

Su dedo índice dibuja ahora la forma de mi nariz mientras leo unas páginas de la novela de Valentina que su sobrina tiene en el velador.

Clara tiene dos pecas al lado izquierdo de la cara y dos ojos gigantes, entre pardos y verdes.

Puedo oír su respiración.

Inmóviles, nos dormimos al tiempo que los pájaros comienzan a cantar.

No sé cuánto pasó entre que nos quedamos abrazados y el sueño final. Esta droga es fuerte y plácida, la mejor que nos han dado hasta ahora.

Fix

La mañana está tibia porque está nublado y parece que va a llover. Aquí no llueve casi nunca, tenemos como 300 días de sol al año. Anoche le dijiste a Esteban que no encerrara a la gata en el baño, que los niños que hacen eso son los que adoran al diablo. El pequeño te ha respondido que, de todas maneras, el diablo no existe.

No puedo dejar de pensar en las fotos del otro día en el diario, de los ritos satánicos que hacen esos jóvenes perdidos en Villa Alemana, en la costa. Estrellas de cinco puntas dibujadas sobre 4 metros de suelo, usando la sangre de felinos degollados como tinta, sus cuerpos sin cabeza coronando cada una de las cinco puntas. Todo ello, hecho de noche. Las botellas con sangre dan prueba de que también se la bebían. Me es difícil apartar del espíritu que el mal existe, y me da escalofríos.

Me has dejado leer tu libro de Bugalkov mientras redactas algo para la universidad. He caído al final, en ese cuento que se llama morfina y me ha gustado mucho. Creo que, fuera de Baudelaire, es de las historias de adicción más antiguas que he leído, y esta vez se trata de algo químico. El ruso escribe de manera fría y desgarrada como un médico cae en los paraísos artificiales para hundir su salud cada vez más, al tiempo que conserva una lucidez avasalladora. El tipo termina por desaparecer del todo, con el cuerpo consumido.

Me digo que hay métodos más naturales para volarse la cabeza, y pienso en esa hierba que toman los gatos. Hédera algo, creo que se llama. Ellos se ponen a jugar mareados, babear y darse vueltas rodando sobre sus espaldas por el suelo. Es divertido. El hecho es que también se vuelven adictos, y que se comen las flores de la planta. Las flores, como las del cáñamo o las de la amapola.

Trato de escribir algo. Nunca me decido. A veces pienso en que moriré sin haberlo hecho y me da nauseas. La otra noche, soñé que una mano invisible me ahorcaba, apagaba todas las luces, y al salir al pasillo del edificio, me encontraba con dos negros gordos con capucha y lepra en sus rostros. De veras tuve miedo. Me desperté rezando, y ya no creo en la iglesia desde hace siglos. Así de asustado. Miro hacia los árboles del jardín de abajo. Está encerrado entre muros y techos de edificios antiguos, y se ve frondoso. Es una de las cosas que me gustó de este departamento, ese contraste, el mismo entre ello y estar en el medio de esta ciudad, de esta jodida ciudad.